ISSN: 1139-8736
Depósito Legal: B-37271-2002
Copyright: © Silvia Montero Martínez

4.3.1 El comunicador intermedio: El traductor y el intérprete

El papel del traductor e intérprete es en cierto modo artificial, ya que ejerce de mediador entre dos interlocutores y "asumir sus competencias, tanto en lo que se refiere a conocimientos como a habilidades, presupone conocer la materia que traduce (porque el emisor conoce el tema del que habla), saber expresarla precisa y adecuadamente y hacerlo como lo haría espontáneamente un hablante nativo de una lengua" (Cabré 1998b: 29, énfasis añadido).

Por lo tanto, no es en la mera búsqueda de equivalencias donde se deben centrar los esfuerzos del traductor, sino en la elaboración de un mapa conceptual y relacional, quizá no tan exhaustivo como el del experto (Faber 1999), donde ubicar tanto el evento médico (§2.3.3) en general, como los términos y fraseología pertenecientes al ámbito oncológico en particular. Por tanto, conocimientos lingüísticos y específicos de la materia en cuestión deben ir de la mano (Galinski y Budin 1993: 209) en el proceso traductor. Las lagunas de carácter terminológico responden bien a una insuficiencia cognitiva o a una lingüística, de tipo terminológico o fraseológico. Las fuentes en las que solucionan estos problemas son de tres tipos: i) documentos especializados que resuelven sus lagunas cognitivas sobre las estructuras y unidades conceptuales de la materia; ii) documentos de carácter terminológico, que le proporcionan las unidades precisas de equivalencia en un ámbito de especialidad; iii) documentos de carácter fraseológico y estilístico, que le informan de las combinaciones lingüísticas que son usuales en un determinado ámbito especializado (Cabré 1998b: 46, 47).

La labor de documentación de los traductores e intérpretes se facilitó con la llegada de los ordenadores y los nuevos tipos de herramientas implementados gracias a éstos, ya que se estima que la duración de la fase de búsqueda terminológica puede ser de un 60% del tiempo total empleado en la traducción especializada (Nkwenti-Azeh 1998: 165). Además, dado que estos profesionales se enfrentan con los términos y fraseología in vivo, insertos en el discurso oral o escrito, la gestión terminográfica que les resultará de mayor utilidad será descriptiva, si bien tampoco hay que descartar la prescriptiva (§1.3.3.1). Así, en su estructuración deben aparecer términos tales como 'cancer' aunque no estén aceptados por la NLM (Fig. 4.1), y necesitará saber ubicarlos y definirlos en contraposición a otros términos afines tales como "neoplasm·. A menudo, necesitarán información de naturaleza inferencial que los sistemas habituales no ofrecen; les será útil saber cosas tales como qué términos están relacionados con X (parte, tipo, causa, proceso, etc.), cuál es el equivalente más cercano de X en la lengua meta, si se puede utilizar el término X en el contexto de Y, cuál es la información conceptual inmediata de X, cómo se denomina una máquina que hace X, de qué partes está compuesto X, cuál es la relación entre los términos X e Y, etc. (Nkwenti-Azeh 1998: 168). Toda esta información no aparece en herramientas tales como Multiterm® (3.5.3.3), de cierto prestigio, al menos hasta hace poco tiempo, entre esta comunidad de profesionales:

Figura 4.3: Entrada en Multiterm®

Como se puede observar, la información ofrecida se limita a la definición del término 'leaf beet' junto con los sinónimos y equivalentes en diversas lenguas, y ni siquiera se ofrece información acerca de los contextos apropiados para utilizar los distintos sinónimos. Tampoco se proporciona ningún tipo de información conceptual que permita relacionar el término con otros propios del subdominio VEGETABLES, más allá de su hiperónimo 'beet'. Se trata de una concepción totalmente estática de la entrada terminológica en donde las necesidades potenciales de los distintos tipos de usuarios, o de un usuario en distintas situaciones, se obvian.


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