ISSN: 1139-8736


3. La campaña purista de 1979


Índice del capítulo

3.1. Características de la campaña

En enero de 1979 el gobierno uruguayo inició una campaña de corte típicamente purista, dirigida a fomentar el “buen uso del idioma”. Esta campaña refleja una ideología propia de la lengua estándar que considera que en el uso del lenguaje hay formas correctas e incorrectas, que sólo las primeras son válidas, y que todo lo que se aparta de la normativa debe ser sancionado (Milroy & Milroy 1985).

El contexto histórico del país fue especialmente propicio para este tipo de acción en materia de planificación lingüística. Como señala Jernudd (1989), el purismo ocurre en momentos históricos particulares para defender, demarcar y proteger aquello que constituye lo propio.

En esta campaña se reproducen varios aspectos que aparecen recurrentemente en otras campañas de defensa de la lengua llevadas a cabo en distintos países. Esto no debe extrañar porque las actitudes puristas están tan extendidas que tienden a ser relativamente similares en todas partes, traduciendo y provocando acciones político-lingüísticas también similares (Milroy & Milroy 1985). Campañas de este tipo buscan unificar a la comunidad en torno a los valores de una lengua común, a la que se exalta desmedida e incondicionalmente:

“Se cuenta que Carlos V [...] afirmó que el castellano era la lengua indicada para hablar con Dios” (“El País”, 16/2/1975).

“Esta es la lengua española, la que suena en ambos hemisferios y refleja la vida espiritual de todo un continente: la que responde a todos los reclamos de la idea y se estremece con todos los clamores del sentir [...]. Nuestra lengua es la lengua de la libertad, del heroismo y del amor” (“El País”, 22/6/1975).

El encargado de llevar adelante la campaña idiomática de 1979 fue el Ministerio de Educación y Cultura. Como medio para su difusión se utilizó básicamente la prensa escrita, apoyada por una propaganda similar en radio y televisión.

Los medios de comunicación escrita resultan, en este tipo de acciones, particularmente persuasivos, porque la escritura es el modelo por excelencia en cualquier proceso de normativización de una lengua. La prensa escrita de la época se hizo eco de este emprendimiento, dedicando varios artículos que elogiaban la iniciativa y reproduciendo un discurso de exaltación nacionalista:

La gran preocupación existente en diversos organismos públicos y privados de nuestro medio, por defender la modalidad nacional de la lengua castellana, ha encontrado una nueva expresión en la decisión ministerial de crear, entre otros, un programa destinado a preservar la pureza de nuestro idioma” (“El País”, 27/11/1978).

No podemos menos que apoyar calurosamente la iniciativa de “afirmación idiomática”-que tal es su nombre- por cuanto no sólo sus propósitos sino, también los expertos que estarán a su cargo garantizan una real preservación de los valores lingüísticos compromentidos por la infiltración fronteriza y la distorsión que se opera a través de distintos medios de difusión” (“El País”, 27/11/1978).

“Se combatirá el envilecimiento del lenguaje, rescatando su pureza original, con órganos de contralor que contribuirán a la exaltación de valores compromentidos por falta de extensión de los conocimientos o porque no se ofreció debidamente en su oportunamente la intromisión penosa de elementos ajenos a nuestro modo de ser” (“El País”, 4/12/1978).

La campaña en la prensa escrita duró seis meses (17/1/1979 a 22/7/1979). Se publicaron 69 textos diferentes con una frecuencia de aparición casi diaria. Los anuncios, firmados por el Ministerio de Educación y Cultura, constaban de una forma catalogada como incorrecta (ej.: “Entró para adentro”), la correspondiente forma correcta (ej.: “Entró”), un comentario explicativo (ej.: “Es imposible entrar para afuera” ), un dibujo alusivo y un eslógan (“El buen uso de su idioma es uno de los más significativos índices de la cultura de una nación”).

Esta forma de presentar la información coincide con la formulación típica de los actos correctivos (Neustupny 1989): una expresión incorrecta seguida por la indicación de su uso correcto, sostenida por una fundamentación que apela a razones y criterios de la más diversa índole (etimología, sentido común, reglas gramaticales, identidad nacional, analogías, etc.). La entidad que firma el mensaje confirma la función del Estado como agente planificador por excelencia y corrobora que desde esos niveles de poder y decisión se pueden instrumentar campañas idiomáticas de largo alcance.

El eslógan que acompaña los anuncios no deja lugar a dudas sobre el carácter nacionalista de la campaña: a través del buen uso del idioma se eleva la cultura de un pueblo y se contribuye a exaltar los valores de la nación. Se estimula así la propiedad de arraigo (Gallardo 1978) de la lengua estándar, mediante la cual se destaca que la lengua está ligada al acervo histórico de la comunidad hablante en cuanto sociedad culturalmente identificable.







Volumen 23 (2006)
ISSN: 1139-8736