Reseña del Diccionario de la Real Academia Española: a propósito de la lexicografía en la era posmoderna

Kathryn Cramer
<
kathryncrame@yahoo.com>


A modo de preludio: los fastos vallisoletanos de lengua española 

Aunque me cueste admitirlo –por la falta de madurez que ello implica por mi parte – tengo que reconocer que lo que realmente me motivó para asistir al fastuoso II Congreso Internacional de la Lengua Española [1] , que tuvo lugar en Valladolid del 16 al 19 de octubre de 2001 [2] fueron las trabas que me pusieron los dictadorcillos de ventanilla que fungían –en el anonimato– de oscuros censores de este magno evento español, en cuya organización participó el celador oficial de la lengua española: la Real Academia Española.

A este magno evento sólo se podía asistir por estricta invitación, y resulta innecesario decir que las que no comulgamos con las ruedas de molino de la Filología oficial española no figurábamos en la lista de invitadas. La insidiosa labor de los improvisados inquisidores que censuraban las listas de participantes fue realmente pertinaz: hasta dos veces consecutivas fui tachada de la lista de ponentes de uno de las cuatro sesiones que se llevaron a cabo dentro del panel titulado Nuevas fronteras del español [3]. (Sinceramente, no me atrevo a confesar en qué sesión se incluyó inicialmente mi nombre, pues, sobre todo, no quisiera incriminar al coordinador de dicha sesión…). En realidad, de no ser por la amable y casual intervención de la secretaría del Congreso –desconocedora al parecer de la existencia de una lista negra de potenciales participantes– me hubiera sido del todo imposible traspasar la férrea barrera invisible que los censores oficiales de la Filología española me habían impuesto a machamartillo.

Me invadió una sensación indescriptible al poder franquear finalmente los sistemáticos controles que efectuaban a las puertas del Congreso unas diligentes y disciplinadas azafatas: riguroso chequeo de credenciales, identificación y cotejo de identidades y, finalmente, una disciplinada sonrisa, que marcaba el fin de mi desdichada exclusión  del magno evento, al que necesitaba asistir a toda costa para poder sentir que yo también, ¡por fin!, formaba parte de esta insólita comunión posmoderna entre los últimos desarrollos tecnológicos de la sociedad de la información y la más rancia Filología peninsular.

        Acostumbrada como estoy a los austeros y escuálidos presupuestos de la Universidad española, el despilfarro de medios –tan espectacular como científicamente inútil– que cimentó la granítica grandiosidad del magno encuentro internacional me impresionó enormemente. Sin embargo, el derroche presupuestario estuvo acompañado en todo momento por una carencia absoluta de discusión: los cancerberos de la Hispanidad mostraron disciplinadamente su disposición militarizada a cercenar cualquier atisbo de discusión abierta, intercambio de opiniones o, qué decir, crítica… Así p. ej., al final de la mesa redonda titulada “Internet en español”, entre el ajetreado ir y venir de elegantes azafatas, bajo el despliegue de dos pantallas gigantes que inundaban la sala de imágenes electrónicas banales, y en medio de un constante hormigueo de informadores que hacían sentir incansablemente su presencia, al llegar el turno de preguntas, los censores del evento nos obligaron a presentarlas por escrito. El libre intercambio de ideas se había transmutado en una liturgia filológica de asentimientos mutuos, una forma de hallar la propia identidad a partir de consensos previos, de la comunión con el credo de la horda filológica posmoderna.



La bella y la bestia: la lengua española y el Diccionario de la Real Academia

Quizá por ser yo una mujer sencilla, la grandiosidad que rodeó la presentación del Diccionario de la Academia durante los fastos vallisoletanos me causó una profunda impresión. Me quedé tan impactada que, por un momento, pensé que se trataba realmente de un gran diccionario; en mis permanentes fluctuaciones geminianas, incluso llegué a pensar que me había equivocado en mis opiniones sobre la presunta mediocridad lexicográfica de la Filología oficial. Las primeras consultas que realicé en el Diccionario, deslumbrada todavía por el recuerdo vivo de su pomposa presentación, parecían augurar un trabajo lexicográfico de calidad, muy mejorado, radicalmente distinto a su anterior edición…

Pero al leer –casi involuntariamente– algunas definiciones del Diccionario, se empezó a desvanecer en mi interior la encendida pasión inicial. Así p. ej., al revisar la definición de mendrugo, que la Academia –al igual que en la edición anterior– define como:

“Pedazo de pan duro o desechado, y especialmente el sobrante que se suele dar a los mendigos.”

me di cuenta con angustia de que, en el siglo XXI, la intocable Institución parece seguir tomando la enciclopedia china, titulada Emporio Celestial de Conocimientos Benévolos –descubierta por Borges–, como fuente de inspiración secreta de sus rancias definiciones lexicográficas.

En la entrada limosna, calcando definiciones de anteriores ediciones, la Academia sigue haciendo gala –sin ningún rubor– de su falta de técnica de definición lexicográfica: “Cosa que se da por amor de Dios para socorrer una necesidad”. La obsolescencia de esta  definición contrasta con la que dan otros diccionarios:

·        VOX: “Dádiva caritativa”,

·   María Moliner: “f. Dinero u otra cosa que se da por *caridad. Se usa como colectivo genérico, y numerable: ‘dar [o pedir] limosna, dar una limosna, hacer limosnas’.”

·        CLAVE: “Lo que se da por caridad, generalmente dinero: dar limosna.”

 

Diccionarios comerciales y diccionarios subsidiados: no siempre las comparaciones son odiosas

    Al igual que en ediciones anteriores –como se puede comprobar fácilmente consultando el  Diccionario académico en la red, la RAE sigue ignorando palabras de uso común en español [4], como p. ej:

Acechante, acrítico, antiespañol, autoabastecimiento, autocontrol, babeante, bidireccional, compact, demonizar,  demonización, extraconyugal, intertextual, intertextualidad, libidinal, manipulable, megabyte, mesetario, meseteño, movilizador, neocolonial, objetual, ocultamiento, oralidad, participativo, personalización, predictivo, preelectoral, probabilístico, probabilística, reafirmación, reduccionismo, reduccionista, serpenteante, sobrevaloración, socioeconómico, subcultura, torturante, visceralmente, etc.

Por supuesto, esta lista no pretende ser exhaustiva; se podría ampliar añadiendo mercantilización, priorización, reclinable, sociolingüista, subcapítulo y un interminable etcétera, que incluiría miles y miles de palabras del léxico cotidiano de la lengua española [5].

Pero lo realmente notorio es descubrir –con muy poco esfuerzo, por cierto– que los miles de palabras del léxico común que ignora la Academia se encuentran en la mayoría de los diccionarios comerciales analizados, en especial, en el Diccionario de Manuel Seco et al., que es posiblemente el más completo, también desde el punto de vista de su macroestructura. En efecto, en la Fig. 1, en cuya primera columna –empezando por la izquierda– aparece la lista de palabras que hemos citado anteriormente, observamos que prácticamente todas ellas, a excepción de extraconyugal y neocolonial, se encuentran en el Diccionario de Seco. Asimismo, entre el 35% y el 55% se encuentra en los restantes diccionarios comerciales de la lengua española, como p. ej., en María Moliner, VOX, CLAVE e, incluso, en el diccionario de Microsoft Word para Windows XP.

Resulta sorprendente constatar que el léxico del español ignorado por la RAE, que sí figura en los diccionarios comerciales, se encuentra multidocumentado en el propio Corpus de la Academia, es decir, en el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) [6] como podemos observar en la Fig. 1 y 2. A todas aquellas –que como yo misma– nos sentimos impresionadas por la regia gravedad que rodea a todo lo relacionado con la Academia, quizás les resulte sorprendente –o incluso admirable– que la palabra socioeconómico, que aparece 1.500 veces en 600 documentos distintos del CREA [7], no figure en el Diccionario de la real Institución: ¡un verdadero récord de la lexicografía académica! Hay que admitir que es realmente difícil ignorar una palabra que aparece más de 1000 veces en el corpus que ha creado la Academia. Al parecer, la Real tiene una dificultad básica para utilizar los recursos lingüísticos creados por ella misma y que la propia institución ha puesto amablemente a disposición de la comunidad  global hispanohablante.

 

Las insólitas Perlas del Diccionario de la Academia

El paroxismo lexicográfico académico se despierta, cuando, dentro del cuadro de la Fig. 1, descubrimos las seis palabras –que están en rojo y en negrita– que:

·         forman parte del léxico común de la lengua española,

·   están en todos los diccionarios comerciales analizados, es decir, en Seco, María Moliner, CLAVE y VOX,

·         están en el diccionario del corrector ortográfico de Microsoft Word,

·        están multidocumentadas en el Corpus de Referencia del Español Actual –en general, más de cien veces y en distintos documentos– y…

no se encuentran en el Diccionario de la Real Academia. Son las Perlas de la RAE, que podemos admirar en la Fig. 2, donde las hemos ordenado en función de su número de ocurrencias en el CREA.

¡Qué difícil tiene que ser para este glorioso Instituto de la hispánica palabra esquivar una y otra vez entradas que forman parte de léxico común, que están en todos los grandes diccionarios comerciales de la lengua española e, incluso, en el propio corpus textual de la Academia! ¡Qué admirable ejercicio posmoderno de contorsionismo lexicográfico! ¡Qué extraordinario récord para una lexicografía subsidiada, que recibe decenas y decenas de millones de euros anuales directamente de los  Presupuestos Generales del Estado español sin mediar ningún proceso competitivo!



Palabras que no aparecen en el Diccionario (2001) de la RAE

Documentado en el CREA

Diccionario del español, Seco et al. (1999)

Diccionario de uso, M. Moliner (1998)

Diccionario CLAVE 2003

Diccionario general, Vox (1997)

Diccionario de Microsoft Word 2000

acechante 

no

no

no

acrítico

no

no

no

no

antiespañol

no

no

no

autoabastecimiento

no

no

autocontrol

babeante

no

no

no

bidireccional

no

si

no

no

compact

no

demonizar

no

demonización

no

no

no

extraconyugal

no

no

no

no

no

intertextual

no

no

no

no

intertextualidad

no

no

no

libidinal

no

no

no

no

manipulable

no

no

megabyte

no

mesetario

no

meseteño

movilizador

no

no

no

no

neocolonial

no

no

no

no

no

objetual

no

no

no

ocultamiento

no

no

no

oralidad

no

no

no

no

participativo

personalización

no

no

no

predictivo

no

no

preelectoral

no

probabilística

no

no

no

probabilístico

no

no

reafirmación

reduccionismo

no

reduccionista

no

no

serpenteante

no

no

no

no

sobrevaloración

socioeconómico

subcultura

torturante

no

no

no

visceralmente

no

no

no

no

Fig. 1. Palabras documentadas en el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) de la Academia, que no figuran en su Diccionario y que, casi en su totalidad, se encuentran documentadas en diccionarios comerciales (Seco, Moliner, CLAVE, VOX y Microsoft Word)



No aparecen en el Diccionario (2001) de la RAE

Diccionario usual, Seco et al. (1999)

Diccionario de uso, M. Moliner (1998)

Diccionario CLAVE (2003)

Diccionario general, Vox (1997)

Diccionario de Microsoft Word 2000

socioeconómico

autocontrol

reafirmación

participativo

subcultura

sobrevaloración


Fig. 2.
Las Perlas del Diccionario de la RAE (2001)



Referencias

CLAVE. Diccionario del español. Madrid: Ediciones SM: http://clave.librosvivos.net/

MICROSOFT. Diccionario español de Word para Windows XT.

MOLINER, María. 1998. Diccionario de uso del español, 2 vols. Madrid: Gredos.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. Corpus de Referencia del Español Actual (CREA): http://corpus.rae.es/creanet.html

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. 2001. Diccionario de la lengua española. Madrid: Espasa Calpe: http://buscon.rae.es/diccionario/drae.htm

SECO, Manuel et al. 1998. Diccionario del español usual, 2 vols. Madrid: Aguilar.

VOX. 1997. Diccionario general de la lengua española. Barcelona: Biblograf.



[1] Cf. José del Valle. 2001. Lengua y cambalache. Una reflexión sobre el II Congreso Internacional de la Lengua Española. El español en la sociedad de la información, en:

http://listserv.rediris.es/cgi-bin/wa?A2=ind0110&L=infoling&P=R2836

[4] Cf. C. Subirats. 2001. Intransiciones lingüísticas en:

y también C. Subirats. 1998. ¿Enmiendas y adiciones al DRAE? en:

[5] Para la detección de este léxico, hemos utilizado (1) un corpus etiquetado y desambiguado de 350 millones de palabras y (2) un sistema automático de análisis léxico del español, pertenecientes a un grupo de investigación, que ha preferido permanecer en el anonimato.

[7] El CREA es un corpus que no está etiquetado; ello implica que las palabras de dicho corpus no van acompañadas ni de:

(1)  una especificación de su categoría léxica (verbo, nombre, adverbio, etc.),

(2)  el lema al que está asociado cada forma del corpus,

(3) la especificación de sus propiedades morfológicas flexivas (en el caso de los verbos, los nombres, los adjetivos y los participios).

Así, dado que las formas del CREA no están ni etiquetadas ni lematizadas, no han podido ser desambiguadas y, en consecuencia, en la gran mayoría de casos, el cálculo preciso del número de apariciones de las formas asociadas a un lema resulta prácticamente imposible. Así p. ej., resultaría imposible calcular en el CREA el número exacto de  formas asociadas a un lema nominal, como p. ej. autocontrol. En efecto, si buscáramos las ocurrencias de la cadena autocontrol*, el valor numérico resultante incluiría tanto las formas correspondientes al lema nominal autocontrol, es decir, autocontol y autocontroles, como las formas asociadas al lema verbal autocontrolar, como p. ej., autocontrolo, autocontrolé, autocontrolaría, etc. Podríamos tratar de precisar los resultados, buscando directamente las formas autocontrol y autocontroles, con objeto de sumar el número de ocurrencias de cada una de ellas. Sin embargo, la utilización de este procedimiento en el CREA, no nos permitiría discriminar los casos en los que autocontroles fuese una forma verbal de los casos en los que fuese una forma nominal –y viceversa–, puesto que no existe ninguna información asociada a las palabras que integran el CREA que permita realizar este tipo de análisis.

El problema podría resultar aún más complejo si quisiéramos determinar el número de ocurrencias de las formas asociadas a un lema verbal. Así p. ej., si queremos determinar en el CREA el número de ocurrencias de todas las formas asociadas al lema demonizar, podríamos buscar las formas del corpus que contuviesen las cadenas demonic* y demoniz*, con objeto de sumar el número de ocurrencias de todas las formas del corpus que contuviesen ambas cadenas. No obstante, entre las formas que contienen la cadena demoniz*, habría tanto  formas asociadas al lema demonizar, como al lema demonización. Obviamente, el problema sería aún mayor si buscamos verbos cuyas irregularidades no fueran únicamente ortográficas, como en el caso de demonizar, sino  morfológicas, como en el caso decir, etc.

Los problemas que acabamos de señalar no afectan los argumentos básicos que mantenemos en esta reseña, puesto que las entradas que no aparecen en el Diccionario de la RAE de las Fig. 1 y 2 están multidocumentadas en el CREA (entre 50 y 1.500 ocurrencias aproximadamente).